C O O K I E S ! para comérselas
Me he demorado en escribir y eso que Londres me dio tiempo siempre para pensar y divagar sobre muchas cosas, aún así, no escribí y lo hago ahora de camino a Madrid, otra vez.
No sé cuantas veces habré dicho que Madrid es feo, pero ese ya no es el problema, porque el camino desde donde vivo hasta allí también es horrible. De verdad, gentes que habitáis esos lugares no sé como podéis sobrevivir con tanto amarillo, tierras áridas, como si un incendio hubiese pasado y como consecuencia vivierais castigados a ver todo tan... ¡aburrido! No es que yo quiera, es que necesito quejarme. De verdad, tan acostumbrada que estoy al verde de mi comunidad, donde las montañas se ven frondosas con eternos bosques, esto es una tortura visual. Creo que es una de las razones por las que el camino se me hace tan largo, y soporífero.

Sin querer perder el hilo, os diré que escribo desde el autobús, y sí, me ha tocado viajar en autobús ya que he venido a última hora y los aviones estaban en precios desorbitados, no sé en donde esta el low cost del que tanto presumen. Así que con estas seis horas de camino he decidido sacar el portátil y escribir, bueno también llevo el nuevo libro que estoy leyendo, "El cuaderno de Maya" de Isabel Allende, por ahora muy recomendable. El caso, es que en esta aventura en la que te juegas que te toque sentarte junto a alguien y estar veintiunmil seiscientos segundos totalmente incómodo, he tenido la suerte de estar sola. Y de verdad, es suerte. No lo digo porque la otra persona te pueda molestar, sino porque vives al limite esas seis horas por miedo a molestarle tú. Intentas no moverte, aunque te duela tanto el culo de la misma posición. Dormir está permitido, pero sería un poco vergonzoso quedarte con la boca abierta, que ronques, o peor aún que se te caiga la babilla. Estos trayectos largos de autobús ayuda para conocer más a las personas, de verdad, son fuentes de conocimientos eternas. Hoy voy analizar por encima los perfiles que se encuentran en mi autobús echándole imaginación claro, tomándome muchas licencias, pues realmente yo no los conozco. Cualquier parecido a la realidad es que soy bruja, pero no se sientan afectados por mis palabras (ya sé que nadie de este autobús leerá mi blog, pero por si acaso)

Al fondo, en cada esquina hay dos chicos. Uno apenas llega a los veintidós años, y el otro me cuesta ser consciente de su edad, es negro, y se conservan mejor. No sé porqué, pero es una realidad. Cuando tienen la misma calidad de vida que un caucásico suelen envejecer mejor, así que siendo valiente diré que tiene sobre cincuenta años. Hay muchas diferencias entre ellos dos, el joven blanco va con los ojos cerrados y escuchando música. Por como viste y en general lo que me inspira, seguramente este escuchando algo estilo pop-rock británico. Seguramente intente dormirse, y esperar que el camino se acabe. Me parece a mí que es un estudiante que vuelve a casa el fin de semana. Sin embargo, el señor está con los ojos muy abiertos, mirando al frente y de vez en cuando por la ventana. Tiene el semblante serio, como si estuviese esperando algo. No sé si es inmigrante o en que situación se encuentra, pero no tiene esa característica mirada que tienen algunos como de melancolía.
Cerca de mi tengo dos chicas, aunque a una de ellas la meteré en el mismo grupo que otras dos que dormitan a lo largo del autobús. ¿Por qué? Sencillo, estudiantes de enfermería con notas altas y en su primer año de Universidad. Lo sé porque las he oído hablar, mis dotes de bruja no son tan amplios. Hablaban de novatadas, chicos y enfermería. No es tan raro que vengan a Santander a estudiar esa carrera en concreto, sino es la mejor, es de las mejores Universidades españolas en estos estudios. Las tres chicas parecen de clase media alta, y algo pretenciosas. A diferencia de la otra joven. Esta es igual que muchas otras, pero diferente. Tiene significativos rasgos de que pertenece a alguna de esas tribus que promulgan el ser diferentes y únicos, cuando ellos son todos iguales. Vaya unas ironías de la vida. ¿Por qué va esta chica a Madrid? Seré mala en esta ocasión, pero es como si fuese a ver a su novio conocido por Internet y que se ven tres veces año. Acaba de sonar su móvil, eso era metal. Muy desencaminada no iba...
En frente de mí tengo a un joven de unos treinta años con cara de memo y paleto. Tiene una barriga prominente, y unos labios carnosos muy bonitos. Es lo único que destaca de él, bueno, y que lleva gafas. Le he visto dormir, roncar, moverse, comer, mejor dicho zampar, beber, aburrirse y mil cosas y sólo llevamos dos horas de viaje.
Delante de mí tengo dos hermanos extranjeros, suramérica, no voy a decir ningún país exactamente, porque yo sólo distingo el acento argentino, ¡y a veces son uruguayos! Eso lo dice todo. No sé si son hermanos, pero a mi me lo parecen y me transmiten eso. Aunque en un principio iban los dos juntos, uno de ellos ha terminado por desertar a dos asientos vacíos. Imaginaros, si unos hermanos no quieren ir apretujados en dos asientos, unos desconocidos menos.


En fin, seguiría más hacia delante te pero además de que la vista no me da, la entrada está volviéndose demasiado extensa. Volveré pronto, y os contaré como fue mi experiencia saliendo el 15O por #globalchange en Madrid. Nos leemos.

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