C O O K I E S ! para comérselas
Mi portátil, un cigarrilo, las gafas puestas y de fondo Madrid. Creo que no hay mejor ocasión para escribir una nueva entrada. Hace tiempo que no estaba en una ciudad grande, nunca me gustó Madrid pero hoy la he visto diferente. No la recordaba tan bonita. He paseado con poca gente, escuchando al violinista de la calle y sentándome a reír. He descubierto que también puedo hacer la vida lenta en Madrid. Con la estación de metro frente a este balcón, y edificios altos en la lejanía. Madrid. Hoy suena bien esa palabra. Seguramente mis letras se quedaron aquí la última vez que vine, y parece que han vuelto a mí.

Me siento extraña como si estuviese descubriendo de nuevo la ciudad, he paseado por lugares que ya conocía pero aún así todo parece brillar. Incluso el calor de un verano sofocante en Madrid parece respetarme. Siento la brisa, sin olor contaminado, puede que sólo por mi cigarrillo. Miró al cielo y hoy no lo veo cubierto de la espesa capa de contaminación. Un poco a lo lejos, quizá, pero por el camino a casa. Oigo el silencio de la ciudad, un silencio plagado de motores, gente caminando y el estridente sonido del metro. Ese es el único silencio que me puede brindar la ciudad.

Sigo sintiendo como paseo por Preciados, con el violinista de fondo, la calle casi vacía, los establecimientos cerrados y yo disfrutando de la música. He intentado seguir dentro de ella hasta que he salido de allí, me hace un poco más feliz. Me gusta ver la gente de caminar deprisa, los delata, son individuos de la ciudad. Turistas de mil idiomas, y grupos. Siempre hay alguno en solitario.

No voy a cambiar de idea, sigo aborreciendo Madrid, pero hoy, esta soleada mañana, Madrid quiere agradarme y yo me dejo llevar por sus encantos de ciudad. Sólo un par de horas, las que la ciudad quiera, estoy dispuesta a ser de ella y bailar bajo su silencio. No me echará de menos cuando parta, ni yo a ella, pero siempre quedará entre sus calles que le sonreí y le besé, como si estuviera descubriendo de nuevo Madrid.

"Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla, como en una pesadilla abrumadora y violenta." Mariano José de Larra
Hoy he estado pasandome por mil blogs, y todos me parecían bonitos, especiales. He terminado sintiéndome un bicho raro, y creyendo que de especial tienen poco. Sólo veo blogs parecidos unos de otros, bonitos sí. Tal vez esté volviendo a mi época de envidiosa, que no sería extraño. Pero de verdad, he terminado un poco harta. Sólo me he encontrado con adolescentes como yo pero con diez mil kilos de azúcar más. Textos donde todo es amor, todo es perfecto y nunca tienes dudas reales. ¿Acaso soy la perdición de la juventud? Niñas monas siendo perfectas, esa es la palabra, perfección. ¿Y qué hago yo? Yo que soy una loca a quien le encanta los excesos. Que hace tiempo que cambie a los Beatles por Darío Núñez. Que vivo esperando que llegue la próxima fiesta para acabar borracha en el mejor sitio que pueda. ¿Tan rara soy? ¿Tan poco especial? Esta envidia me corroe. Quisiera poder hablar de ojos almendrados mirando el cielo eterno suspirando por los labios rojos, pero es que soy totalmente incapaz. Ahora escribiría mas bien del chico con ojos de búho intentando dormir sin pensar en la de la sonrisa de joker. ¿Tanto me he corrompido? ¿O es que yo vivo en otra realidad? No lo sé de verdad, pero vivo anonadada.
A mí me gustaría ser como una foto vieja, arrugada en blanco y negro. Una de esas antiguas imágenes que perduran en el tiempo. Rockera de cigarrillo en mano, y el último billete gastado en una botella de whisky, no sin antes haberlo acercado a mi fosa nasal para mal utilizarlo. Tal vez salir alado de Cobain, o Sid Vicious. Destrozados después de un concierto, viviendo a diez mil kilometros de la Tierra. Sí, me hubiese gustado vivir al límite y que nadie dijese nada, porque en ese momento nada era tan malo. Ser el tatuaje de un viejo loco seguidor, o la razón por la que un joven se acercó.
A mi me gustaría, pero no soy esa. Vivo en fotos que se ven en el ordenador, con todos los colores capturados bajo una cámara digital. Fumo, pero lo de rockera lo pasé hace tiempo, y soy mas de vodka. Gasto los billetes, pero mamá siempre tiene uno más para darme, y no los acerco tanto a mi rostro, los guardo en una cartera fea y destruída por no saber cuidarla. Lo más lejos que estuve de la Tierra fue cuando me eché a dormir, y vivir al límite sólo cuando subo en una montaña rusa. Soy yo quien se tatua cosas carentes de valor para los demás, y que marcan mi piel tanto como mi alma, y el último joven que se acercó se quedó paseando. Me contentaré teniendo a Sid y Kurt en mi estantería de CD's.

Esa es una de las cosas que me gustaría ser, porque si tengo que contar mi absurda fantasía basada en Orgullo y Prejuicio, el blog se caería de lo pasteloso que terminaría siendo.


Dije que volvería y aquí estoy, aún queda Poppy, Luxmy, Malasanura, ¡que se yo! pero todavía queda mucho de mí. Pienso que este pequeño descanso no está del todo mal, vuelvo diferente. Han pasado muchas cosas, buenas, malas y regulares pero ya sabéis que suelo decir; mientras siga viva debo celebrarlo.
Debo empezar a contaros un pequeño secreto, uno bonito, extraño y feliz. Seguramente lo identifiqueis con mi bajón por aquí, todo comenzó en Febrero, y aún sigue. No sé demasiado bien explicar en que vivo. Es complicado, ¿sabéis? Estás durante tiempo buscando el adecuado, conoces, dices adiós, pasas de largo y de repente, tal vez cuando menos querías, hace chas! y aparece a tu lado. Pero siempre existe un problema, yo, y mi otro yo. Mis momentos de bipolaridad extrema que me hacen sentir aún mas pequeña de lo que soy, las dudas de viejos fantasmas que al pasar por tu vida te dejaron marcada, y porque no admitir la mochila que lleva Él a sus espaldas. Aunque esa sea ligera siempre nos vemos afectados, un sueño que no cumplió, una sonrisa que no le llenó, ahora él quiere que le entregues todo eso. Te hace sentir en las nubes pero a cambio pagas un peaje que en ocasiones te parece demasiado caro. Susurros cada noche donde te recuerda que no eres perfecta, abrazos que gritan que eres lo estrictamente perfecta para él. Ahora, yo soy diferente. A veces necesito menos de eso, y más de mi, entonces todo se vuelve difícil, complicado y algo tedioso. Hay mañanas que te levantas pensando que no puedes volar, que estás atada, tienes alguien a quien dar una explicación. Otros días al acostarte sólo piensas que te falta el aire al pensar que ese no es tu lugar. Con los años me he vuelto extremadamente independiente, y reservada. Aún titubeó cuando habló de Él, me cuesta admitir que estoy perdidamente enamorada. Es algo que llevo en el ADN, sí, ahí alado del adjetivo "cobarde" que ese es con certeza mi comportamiento ante esta relación. Aún me da vergüenza mirarle a los ojos y decirle sin ninguna duda que le quiero, o que esa cosa que a el tanto le encanta yo la aborrezco. Esa es otra de mis penitencias, con frecuencia el gusanito del yo desaparece de mí. Dejo a un lado que pienso, siento o quiero para anteponer sus necesidades y sentimientos. ¿Es realmente justo? ¿Por qué somos incapaces de ponernos un límite de amor? Como ya dije en otras entradas, para mi gusto se debe a que el amor siempre es una obsesión. Por eso me afecta de sobremanera, yo que sola soy una montaña rusa con caídas monumentales, me meto en una relación donde la persona que me besa es idéntica a mí, pero en el polo opuesto.

De todo lo que he dicho lo que peor llevo es el sentirme atada. A veces bromeo con ello, cuando me preguntan que tal estoy, y después de decirlo, sonreír y pensar, me doy cuenta que por segundos me siento así. Yo sé que Él no pretende eso, pero es que en la ciencia de las sensaciones somos cada uno quienes ponemos nuestro lugar, y mi umbral es demasiado sensible para cualquier clase de relación. Odio sentirme presionada, cariñosa o necesitada. No quiero ser lo que Él me pide, no quiero ser su necesidad básica, me cansa oír que nunca antes había querido a nadie así y que la gente quien lo conoció en esos momentos asienta. No es que no quiera, pero eso me imprime de una responsabilidad que no estoy segura de saber llevar. Si me gusta ser una cría es precisamente por eludir responsabilidades, y ahora, a golpe y porrazo Él se atreve a entrar en mi vida ponerla patas arriba y hacerme sentir la persona más maravillosa del mundo. ¿Quién le dejó? Tal vez fue mi corazón que ya estaba harto de oírme gritar aliado con mi cabeza que se negaba a creer en el amor.

Después de tantos fallos, tengo un acierto... Él es mi acierto.



No entiendo mis manías de hacer lo sencillo complicado, creo que es porque me gusta. Es la primera vez que escribo sobre él, o que hablo entrando tanto de mí. Me he atrevido a decir cosas que nunca he pronunciado en alto, ha sido un acto de reflexión. He soltado mil millones de cosas que llevaba sobre mis hombros, ¿y sabéis qué? Me siento feliz. Yo soy así, con mis dudas, intrigas y casi siempre causando daño, pero es que es lo que me hace única. Si fuese una chica simple, que se enamora, se deja llevar y el carácter lo deja en casa estoy segura que Él nunca se hubiese enamorado de mí. De esas ya tuvo y creo que fueron suficientes. No seré yo quien diga que esto durará eternamente, pero mientras lo hago mi sonrisa siempre estará escondida bajo su cuello, alado de esos lunares que la barba no dejan apenas ver, si casi ahí, en su clavícula.
Summertime. Nunca mejor dicho, aunque me he tomado unas vacaciones demasiado largas... Como véis he cambiado incluso la URL. Quiero volver al anonimato, bueno, esa no es la palabra exacta, más bien quiero volver a que me lean única y exclusivamente desconocidos. Soy una cobarde lo sé, aunque he terminado definiendolo como "terrible miedo" Es complicado, yo quisiera ser sincera con lo que siento, pero hay un problema, a veces escribo siendo una automata, y al finalizar doy a ese botoncito de "publicar entrada" ¿y qué ocurre? que no soy consciente que medio corazón va en esas palabras, y nunca comprendo que he sentido en ese momento para escribirlo. Al día siguiente ÉL, siempre él, me hace preguntas que jamás puedo responder, y me siento mal. Tengo que inventarme mil excusas o rebuscar en rincones que no quiero entrar para darle una respuesta. Por cierto, aún no os he hablado de Él. Me duele decirlo, pero seguramente mi ausencia por mi pequeño rincón es su culpa. Unas veces por lo que ya he dicho, miedo, y otras tantas porque me ocupa el 80% de los días. Mañana sin falta prometo escribiros mil y unas historias de Él. Hoy me apetece ser yo, que ultimamente nunca lo soy.

Durante este tiempo he empezado mil historias, mi blog de novelas que nunca terminé, los videoblogs que nunca empecé, y todas esas cosas que siempre intenté abrir camino aquí pero nunca resultó salir. Hoy os habló de otra nueva historia; la fotografía. Me he comprado una Nikon D3100, es mi primera cámara importante así que os podéis imaginar como me siento. Aún me tiemblan las manos cuando la tengo. Estoy empezando a descubrir que las sonrisas vistas por un objetivo son casi más maravillosas que en directo. Como imaginaréis es el comiendo asi que solo trasteo con la cámara, en mi Flickr: Malasanura podéis ver mis favoritas que he hecho hasta el momento.

Recordad, mañana o incluso hoy volveré con mi historia... ¡Quiero que este vuelva a ser mi pequeño rincón!