C O O K I E S ! para comérselas

Cenicienta busca príncipe

Por Drama Queen martes, diciembre 28, 2010 ,

¡Hola holita! Día de los Santos Inocentes. ¿Os han hecho ya alguna broma? Diré que yo aún no he sido objetivo de ninguna, y espero no serlo. Tampoco se me ha ocurrido hacer a mí, así que eso espero, que la gente sea buena conmigo. Además ando bastante constipada y decaída. Lo último es para no romper la rutina del último mes.

Como ya sabéis toca día de relato. Esta historia es antigua. Pero espero retomarla, así que aquí empiezo. Se llama "Cenicienta busca príncipe" veremos como avanza...


Cenicienta busca príncipe


Abandoné mis zapatos de cristal sobre la alfombra del salón. Un viejo piso en el que yo jugaba a ser la princesa. Mis perlas cayeron sobre el tocador. El espejo reflejaba mi pícara sonrisa y mis pendientes jugaban a rozar mi cuello. Toqué mi piel, tersa como la de los niños pequeños.
Las princesas no van desnudas por palacio. Yo era una pequeña y traviesa princesa. Únicamente vestía mis pequeños tesoros. Los que me recordaban que aquel era mi palacio. Dueña y poseedora. Mi, mis, míos, mías.

Dejé caer el cabello sobre mi espalda y posé el coletero. Ya estaba completamente desnuda. Busqué en mi biblioteca mi libro preferido.
La cama hizo un ruido estrepitoso al tumbarme en ella. Sonreí con más intensidad. Comencé a leer.
La princesa corría ¡la malvada madrastra la encerraría de por vida si se enteraba!
Una lágrima que se repetía cada día al leer ese libro recorrió de nuevo mi mejilla. El príncipe se había casado con la joven y hermosa princesa.

Toqué mi muslo, sentí el frío de mi propio tacto. Un suspiro de lujuria salió de mi boca. Hacía tiempo que nadie me tocaba –de verdad-. Seguí rozando cada centímetro de mi propia piel. Jugueteé en el ombligo. Notaba como mi piel se erizaba en cada caricia. Llegué a mi pecho. Ronroneé un rato mientras pensaba en si debía seguir. Si lo hacía estaba obligada a terminar.

Coloqué los tacones de cristal en mis pies. No podía estar completamente desnuda. Me senté en la mecedora y saqué las piernas por el alféizar de la ventana principal. Era enorme y cristalizada. Saqué un cigarro y comencé a darle caladas tranquila pero sin pausa. La ciudad se abría ante mí. Miré unos instantes hacia los transeúntes ¡Que rápido caminaban! ¿Por qué no se paraban a mirar los rostros de desconocidos que pasaban a su alrededor? Apagué el cigarro y unos instantes después estaba durmiendo.

-Cenicienta –oí susurrar-

Noté el aliento mentolado en mi cuello. Sus manos agarraron mi cintura. Intenté mirarlo, pero él lo evitó. No, no príncipe. Tú no lo sabes, pero yo ya te he visto. Enseguida sentí sus labios recorriendo mi espalda, y una de sus bonitas manos bajando para intentar abrirse camino entre mis piernas. No, no príncipe. Ésta vez no quiero dejarte. Has tardado tiempo en volver.
Y de nuevo, sin querer, un suspiro salió de mi boca. No le vi, pero sabía que en su rostro se había dibujado una sonrisa. ¡Qué poca fuerza de voluntad tenía!
Me mordí el labio y supe que lo volvería hacer. Ya me notaba en éxtasis. Lo estaba desde el momento en que le oí susurrar.
Y por fin lo que esperaba, o no. Mi espalda se arqueaba, mientras él seguía jugando conmigo. Los suspiros ya eran gemidos. Quería que siguiera y no parase jamás. Nadie había provocado en mí tantas emociones. Él lo sabía y eso le gustaba aún más. Ésta vez rió. Lleve una de mis manos a su espalda. No, no princesita. Conozco las reglas, yo soy de él, no él mío.

Me desperté en sudor. Y completamente extasiada. Me toqué y sentí la piel arder.
Hora de ir a la universidad.

Luxmy.

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