C O O K I E S ! para comérselas

¡Qué comience lo bueno!

Por Drama Queen miércoles, noviembre 17, 2010 ,

En pleno cinismo en el que coexisto con el amor ¿qué se me ha ocurrido? trece breves relatos, bueno, por ahora uno. ¿Qué como se llamará todo esto? ¡Trece cosas que siempre esperaste de Él y sólo te lo dio Disney! Vale no, quizá no tan largo, pero haceros a la idea... dejemoslo en "13CQSEDE" que cutre, bueno, ¡Trece cosas que siempre esperaste de Él!
¿Sabéis qué es lo peor de todo esto? Que para llegar aquí... me he leído páginas e historias de amor. Que perdida estoy..


Conociéndonos


El cielo había concedido un día libre en el invierno tan frío que asolaba el pequeño pueblo. Paula ya estaba acostumbrada pero eso no la hacía odiar menos la estación más aburrida y con menos alegría del año. Los niños no salían a jugar, no se oía sus risas en los columpios, sólo una lluvia que nunca dejaba de cesar. Los árboles estaban podados y apenas era capaz de ver verde más allá de la hierba y las visitas constantes a la floristería de su abuela. Siempre la habían encantado las flores y conocía la mayor parte de ellas. Pero ese domingo era diferente. El sol brillaba de forma espléndida, los niños corrían por todo el parque e incluso los mayores habían dejado a un lado los abrigos. Paula se había enfundado sus zapatos rojos favoritos y unas medias blancas hasta la rodilla. La falda roja que heredó de su madre, había leído que lo vintage estaba de moda, que apenas dejaba a la vista sus piernas. Una camisa blanca de seda sencilla, metida por dentro de la falda a conciencia, la gustaba ir siempre arreglada, y una chaqueta de perle, que como decía su abuela la recordaba a cuando apenas comenzaba a caminar. Se sentía un poco infantil con esa ropa, tal vez era demasiado clásico en niñas pequeñas, pero al mismo tiempo al despertarse aquella mañana la había apetecido que hoy ella también fuera diferente.

Paula se sentó en uno de los bancos que daba al pequeño estanque. Había patos por todos los lados revoloteando. No comprendía porque la gente los tenía fobia, en el fondo eran unos animales extraordinarios, a ella al menos se lo parecía. Sonrió para si misma al verse absurda imaginandose como sería la vida siendo pato.

-Hola, ¿sabes que tienes una sonrisa preciosa?

Paula levantó la vista. Se encontró con unos ojos miel que la miraban por encima de una sonrisa más bonita que la suya. Tenía el pelo revuelto, pero eso lo hacía verse más perfecto aún, si es que eso era posible. Se miraron durante unos segundos eternos, y Paula no pudo más que ensanchar la sonrisa. El joven miró el banco y tras dudar unos segundos, decidió sentarse.

-Me llamo Javier ¿y tú Sonrisa Perfecta?
-Pa.. Pau.. Paula -balbuceó. Javier rió al ver que era capaz de intimidarla. Parecía una chica tan adorable. Cuando la vio allí sentada no pudo evitar saludarla. Era guapa, más que eso. Se la veía tan feliz sin hacer nada en especial. Debía arriesgarse.
-Además de una sonrisa bonita, el nombre acompaña, aunque para mi serás Sonrisa Perfecta -Paula se sonrojó y volvió a sonreír-
-¿De dónde eres? Nunca te he visto por aquí...
-He venido a vivir con mi tía, está enferma y debo cuidarla.

Hablaron durante horas, allí sentados frente a ese sol atípico. Las carcajadas ésta vez no eran del parque, sino de nuestra pequeña Paula. Sin querer estaba conociendo a la persona que marcaría el resto de sus días. Un joven apuesto que la prometía el cielo y se lo daba. La felicidad había llamado a su vida, y ella abrió sin miedo.


La tarde perfecta, conociendo al chico perfecto... Lo que todos soñamos para nuestro primer encuentro. ¿La realidad? Esa es otra. Lo más seguro es que Paula hubiese conocido a Javier una noche de sábado ambos más borrachos que una cuba. Intentaron verse y lo que su vista todavía atisbaba se ponían literalmente cachondos. Se morrearon de forma casi sacada de una película porno delante de todo el bar, y tras un par de magreos decidieron irse de allí. Tras buscar el callejón más oscuro y alejado follaron como locos hasta el amanecer, los gritos de Paula se oyeron en todo el vecindario. Pasada la borrechera se siguieron atrayendo, así que decidieron darse sus tuenti o móviles. La noche del viernes Javier se olió que hoy no pillaba con ninguna, asi que decidió llamar a Paula. Esto se repitió durante bastantes semanas, aunque de vez en cuando la alternaba con otras. En vista de que no encontraba "un chochito mejor" se dio cuenta de que Paula era el amor de su vida.


Y tras esta exitosa y cínica entrada nos vemos pronto.

Poppy, la niña envidiosa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Déjame un sueño