C O O K I E S ! para comérselas

Esto no es Irak

Por Nagammah L. jueves, mayo 06, 2010

¡Hola! Y como siempre escribiendo a mitad de semana. Últimamente ando muy vaga, más de lo normal a decir verdad.

Hoy tampoco me apetece escribir nada, así que os dejo una parte de "Esto no es Irak" mi intento de obra maestra. Ya me diréis que os parece.

El sol había salido hacía dos horas, aunque también había visto anochecer. No podía parar quieto, los nervios estaban a flor de piel y aunque mi cara solo denotase un poco de tensión el corazón me iba a cien por hora.

Miré una y otra vez por la ventana pero no parecía que nadie se acercase, oía a mi madre y mis seis hermanas en el salón y la cocina haciendo las tareas domésticas. Yo era el décimo de trece hermanos, y supuse que los demás que faltaban en la habitación estaban trabajando o estudiando. No dejaba de pensar que si se enteraban de lo que hoy iba hacer, ellos con sus propias manos me quitarían la vida. Ese día, al caer la noche, lucharía por la liberación de los Tamiles en Sri Lanka.

Pertenecía a un grupo de militantes, yo debía estar estudiando o trabajando como mis hermanos, pero en algún momento desde los catorce años hasta ahora –tengo dieciocho- decidí que era mejor defender los derechos de mi pueblo, de mis hermanos y hermanas, de nuestras costumbres y religión.

Vivía al noroeste de Sri Lanka, una isla del pacífico situada debajo de la India, que estaba dividida en dos. Todos vivíamos juntos, o más bien compartíamos tierra, pues tras conseguir la independencia de Inglaterra, tamiles y cingaleses habíamos luchado, llevándose estos últimos la mayor parte de la isla y el gobierno. Bloquearon –o lo intentaron- el paso hasta nuestra zona a los turistas, y ayudas, nos humillaban por ser lo que éramos y estábamos continuamente marginados.

Lejos de todo lo que ocurría supongo que yo mismo era consciente de mi afán de superación y de intentar destacar sobre todos los demás, esto hacía que la aventura de jugar en lo prohibido fuera aún más morbosa.

Oí un fuerte ruido fuera: la señal. ¿Qué señal? Los nervios me volvían a fallar, no existía señal alguna. Jayaraj sería quien venía a buscarme. Él era uno de mis mejores amigos desde la infancia, mi casa tenía multitud de recuerdos y cada lugar escondido en el pasado fue nuestro lugar de entretenimiento. A veces, sin querer, cuando estaba cansado, era incapaz de no pensar en el paso del tiempo: tan lejano y cercano a la vez.

-Vishnu ya está aquí tu amigo –gritó mi madre, por fin suspiré aunque en ese momento el corazón comenzó a latirme muchísimo más rápido-.

Salí a toda prisa de la casa, y vi a mi amigo apoyado contra una de las casas blancas colindantes a la mía. Su sonrisa de rompecorazones me hizo tranquilizarme por unos momentos. Y sin decirnos nada, con una simple mirada pusimos rumbo a la playa. Aún nos quedaba tiempo, podíamos echarnos atrás o seguir hacia delante, pero por ahora solo quería pensar en las cervezas que nos tomaríamos a la orilla del mar, cerca del mercado.

Caminamos varios kilómetros antes de llegar a la playa. Por el camino nos habíamos encontrado con varios conocidos, también nos habíamos visto obligados a ir hasta el colegio de mis hermanos a darles un mensaje de mi madre. Como odiaba tener que hacer los recados de la casa, no porque fuera cansado o injusto, sino porque yo sabía que era para mantenerme ocupado y una forma de castigo. Con todos los imprevistos llegamos una hora tarde, lo que me quitaba sesenta minutos más de tranquilidad, ahora estaba tres mil seiscientos segundos más cerca de mi objetivo.

Nos sentamos entre la multitud que miraba las olas perdiendo su tiempo. A lo lejos pude ver como una pareja de recién casados se adentraban en el mar hasta las rodillas para arrojar al agua los collares de flores en señal de eternidad, y agarrados de la mano sin hacer nada más se iban. No era momento de cuestionarme nuestras formas de vida pero la pregunta vino sola a mí, ¿por qué nosotros, los hinduistas teníamos tan mal ver del afecto en público? Yo podía agarrarme a mis amigos como algo normal, íbamos de la mano y bromeábamos continuamente, ante el público, por cualquier calle y sin embargo que mi padre diera un beso a mi madre en nuestra propia casa, delante de su familia se tachaba de desfachatez y obscenidad. Supongo que cosas como estas, cosas que iban implicadas en mi lucha jamás las entendería sólo aprendería a vivir con ellas. Pero ahora llegaba mi nueva pregunta ¿qué hacía pensando en eso? Lo mejor era seguir bebiendo, así que sin dudarlo un instante me llevé el vidrio a los labios y bebí todo lo que el cuerpo me dejó.

-¿De verdad que vamos hacerlo? –Preguntó Jayaraj obligándome por primera vez hablar sobre el tema-.

-Aún puedes no hacerlo –susurré, volví a dar otro trago para intentar vomitar las palabras que venían ahora- yo seguiré hacía delante, es mi decisión, no estás obligado a compartirla.

-¡Maldita sea! ¿Por qué todo es así? ¿Por qué…

-No es momento de cuestionarse –le corté, ya me preguntaba yo una y otra vez, no necesitaba que él me agregara nuevas interrogantes- existen demasiados por qué en la vida y pocos con respuesta. No sigas por ese camino porque solamente conseguirás acobardarte y encontrar mil excusas para no seguir hacia delante.

Espero que os guste. Si a alguien le interesa, pues que me pida más. Y ya sabéis, estoy abierta a cualquier comentario y critica.

Poppy, la niña envidiosa.

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